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Herramientas incomunicativas

Cuando se trata de trabajar en un equipo de personas que tienen la posibilidad de compartir el mismo espacio, algo sencillamente práctico es poder comunicarse con ellos directamente, sin intermediarios. Esto permite conocer a los otros miembros del equipo, entablar una comunicación ágil y sincera y solucionar los problemas en equipo. Esto funciona así más o menos bien para organizaciones pequeñas, en las cuales los miembros se conocen debido a que las relaciones a establecer son pocas. Es como un pueblo pequeño donde todos se conocen con todos, los chismes vuelan y las solidaridades son efectivas.

Este tipo de organización, comunicada por el término de la distancia, mantiene relaciones humanas progresistas y genera niveles de gobernabilidad debido a la alta cantidad de información veraz suministrada a los directivos por la interacción entre todos los participantes del todo orgánico, incluyendo a los mismos directivos. La comunicación es exitosa y los esfuerzos gerenciales se centran en la producción y no tanto en la manutención del sistema.

Sin embargo, existe una tendencia moderna dirigida a la utilización de tecnología per se, sin que la organización se piense primero como sujeto tecnológico autónomo y único. Es decir, los grupos sociales adquieren tecnología para sí por el simple hecho de que esta existe y ofrece un servicio, sin primero reflexionar sobre la utilidad real de dicha herramienta para el grupo. Esto conlleva a que la agrupación termine inventando necesidades que no tiene con el único fin de disfrutar de las mieles de la tecnología. Así, una persona compra un smartphone y termina convirtiéndose en un As del correo electrónico y las redes sociales, algo que no necesitaba ser antes y que sin duda ahora le quita tiempo para ser lo que realmente debe ser.

Pero enfocando esta realidad en el tema planteado al inicio del texto -la comunicación- se pueden ver situaciones en las que estas herramientas tecnológicas, principalmente las de la información y la comunicación, resquebrajan las relaciones entre los miembros de la organización, relaciones que permiten la comunicación. El tiro le sale por la culata a los implementadores de estas tecnologías. Un caso concreto (y recurrente): Se tiene una empresa pequeña, pero localizada en varios países o ciudades, en la cual sus miembros se comunican directamente de forma personal. Las directivas imponen una medida mediante la cual exigen que la comunicación entre sus empleados (solicitud de información y/o servicios internos) se establezca a través de una herramienta tecnológica para tal fin, que además servirá a las directivas para medir el nivel de producción de sus empleados, pues se encuentran en otro país o ciudad y no tienen control (en forma probatoria) del trabajo desarrollado por sus subalternos. Poco a poco las relaciones de comunicación existentes desaparecen y las solicitudes de información no sólo se hacen más engorrosas, sino que tienen una respuesta mucho más lenta. El sistema pasa de ser una agrupación armoniosamente anárquica a ser una agrupación sosamente burocratizada, en una acción que podríamos denominar reaccionaria, fascismo corporativo que busca el control centralizado de todos los componentes del sistema, pues nace de la desconfianza hacia el otro y se ve directamente permeada por la irracionalidad e inmadurez tecnológica de la cual es inconsciente su ejecutor por cuenta del mismo hecho mencionado anteriormente: un abandono completo de la dimensión filosófica de la organización.

Para impedir esto, sin ánimo de querer ser pretencioso en saber exactamente como solucionar el problema, se deben tener como pilares de las decisiones gerenciales dos elementos: 1. las relaciones humanas deben mantenerse personales, sin intermediarios (tecnológicos) que las tergiversen, exceptuando situaciones particulares temporales y 2. la organización es un ser pensante que debe enmarcarse en los ámbitos de la auto-eco-organización, por lo tanto toda decisión de importación de recursos para sí debe basarse en una situación de necesidad y poder y no de capricho o intromisión directa del medio al interior de sus fronteras orgánicas. Siguiendo estas dos líneas, las medidas directivas serán mucho más sensatas y acunadas en la realidad.

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