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Plata llama plata

Como dice el refrán, “plata llama plata”, pareciera que, desde la lupa tecnológica y académica, este refrán se extrapolara al mundo de los sistemas operativos. Para ejemplificar esto, vamos a describir dos escenarios distintos de trabajo: el primero en cualquiera de las versiones de Windows y el segundo en cualquiera de las distribuciones GNU/Linux.

La primera vez que se accede a Windows nos encontramos con un (único) entorno de escritorio, que si bien es agradable, es muy poco personalizable, restringe de inmediato la concepción que tiene el usuario sobre su entorno de trabajo. Ahora, de las tantas cosas que desea hacer un usuario (de Windows) cuando accede a su escritorio, solo puede hacer tres cosas: ingresar a Internet, conectarse al protocolo MSN y…..jugar el emocionante carta blanca. Si el usuario quiere hacer más cosas tiene que buscar (en la mayoría de los casos comprar) lo que necesite; ofimática, juegos, programación, p2p, etc. Claro está que esto no tiene porque proveerlo la instalación del sistema operativo. Sin  embargo, el hecho de no hacerlo (y de que su código sea privativo) conlleva a que la integración entre el sistema operativo y las aplicaciones y entre las aplicaciones y otras aplicaciones se vea disminuido, dificultando así el trabajo eficiente y eficaz en este sistema.

En cuanto al otro entorno (GNU/Linux), nos encontramos con un cambio desde la misma instalación: podemos instalar aplicaciones de uso regular como lo son ofimática, variedad de juegos, programas de descarga, programación, etc. Después de la instalación el usuario se encuentra con un escritorio, completamente personalizabe (o varios, si el usuario los instala) permitíendole al usuario adaptar el entorno de trabajo a sus necesidades y no al revés; tener él que adaptarse al entorno de trabajo. Ahora, de todas las cosas que un usuario (de GNU/Linux) desea hacer después de la instalación, puede hacerlas casi todas; presentaciones, textos, cálculos, desarrollo de aplicaciones, navegación por Internet, mensajería por msn, jabber, yahoo, IRC, variedad de juegos, visualización de documentos, edición gráfica avanzada, etc. Solo hay que darle paso a la imaginación. Adicional a esto, puesto que las aplicaciones vienen con el sistema operativo y ambos son de código abierto, la integración del entorno de trabajo permite un desarrollo fluido de las actividades realizadas en el sistema (un buen ejemplo de esto es el entorno de escritorio Kool o KDE).

En estos dos entornos podemos notar algo claramente: la naturaleza del sistema operativo desencadena un efecto dominó sobre las aplicaciones que en él se ejecutan. En el caso de Windows, el cual tiene naturaleza privativa, los usuarios quedan restringidos no solo en el uso del sistema como tal, sino en el uso de las aplicaciones sobre él montadas. Pero peor que esto es el hecho de que el usuario tenga que adaptarse al sistema y que éste a su vez no incentive la creatividad y libertad de sus usuarios. Entre tanto, en el caso de GNU/Linux, el cual es de naturaleza libre, los usuarios quedan condenados a hacer lo que se les ocurra, a adaptar el sistema a su gusto, a compartirlo con quien gusten, …

El privatismo del primero genera restricciones no solo sobre las aplicaciones, sino también sobre sus usuarios. La libertad del segundo genera complacencias no solo sobre las aplicaciones, sino también sobre sus usuarios.

Restricciones llaman restricciones, libertades llaman libertades, … plata llama plata.

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