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Festivaleando Metal

En torno a Rock al Parque, el festival de rock al aire libre más grande de suramérica, se siente año tras año un sentimiento decepcionante, pero la decepción de la que hablo no se refiere a su organización en sí, la cual ha sido tildada desde diferentes sectores de ser una rosca, pues no soy cercano al comité organizador, no los conozco y por ello no puedo emitir juicios al respecto. La decepción que aquí se menciona es más bien la suscitada por al pobreza contextual de la escena metalera que asiste a este magno evento (debo aclarar que hablo únicamente de la escena metalera puesto que es la que conozco de primera mano).

Festivaleando Metal
© Mysantropia, 2013

Es completamente desfasado, salido de toda intención, ir a un festival como Rock al Parque esperando que a él sean invitadas bandas de talla mundial de inicio a fin del evento. Aquí es necesario aclarar algo, para aquellos que aun están confundidos: Rock al Parque es un festival de exposición de las corrientes contemporáneas del rock capitalino, en primera medida, y nacional, en una segunda instancia; esta fiesta de sonidos pesados es una vitrina en la que se puede estar al tanto del estado del arte del rock colombiano, reconocer la evolución de los acordes, melodías y líricas de las bandas que mantienen viva la música rebelde en este alienado país. RaP no es, léase bien, no es un festival para darle pasarela a los mayores exponentes del rock mundial, RaP no es el Wacken colombiano.

Tomar la perspectiva de ver las bandas nacionales que participan en RaP como un relleno y concentrarse en asistir al espectáculo de cierre, en el cual quienes llevan la batuta son las bandas extranjeras invitadas, es lo que hace que el festival abra con poco público, que el desinterés por las bandas aun desconocidas se refuerce, que el metal tenga cada vez meno s espacios al figurar menos, al ser subestimado, que los mismos de siempre estén siempre, pues son lo únicos que la gente quiere que estén porque son los que conocen. Esa posición no es más que un pajazo mental.

¿Qué habría sido de The Who, Jimmy Hendrix, Ten Years After, Santana, dos de ellos perfectos desconocidos, si no hubiera estado allí, hace 44 años, Woodstock para mostrarlos al mundo? Por eso, cada vez que usted vaya a Rock al Parque, vaya mentalizado para encontrarse con las agrupaciones y personas que tiran de las riendas del Metal nacional, exíjalo a los organizadores del evento. No les pida que traigan a Rhapsody of Fire, Megadeth o Dimmu Borgir, no sea iluso, no sea vendido.


La cantaora

La cantaora

La banda

Armando la fiesta en cualquier lugar, aunque las lágrimas aguarden a la vuelta de la esquina….la alegría es más codiciada

La banda

Cultura mutante

Es interesante la forma como una política casi global modifica la cultura de las masas. Y más interesante aun como caemos cual borregos, sin criterio alguno, en esta orgía crónica orquestada por el Mercado. Así como en un contrato, ya que estamos hablando de mercado, vamos a definir las partes y algunos términos:

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  • La política: se refiere, para términos de la presente subyugación, a la facilitación de la movilidad de efectivo con fines de adquisición de inútiles bienes para la existencia indigna del ser humano y programadamente perecederos para el bienestar de los bolsillos de los subyugadores y, de forma autorreferenciada y autopoyética, para el mantenimiento de La política misma. Esta definición puede resumirse, de ahora en adelante, como EL CONSUMISMO.
  • El subyugador: es el agente origen de EL CONSUMISMO hacia las masas (de entre otras políticas). De ahora en adelante EL ARQUITECTO.
  • Masas: Dícese del conjunto no vacío y de irresponsable crecimiento cuadrático constituido por unidades prescindibles y débiles en esencia por sus reducidas relaciones entre sí, que son producto de otras políticas establecidas entre la Masa o subyugado y el subyugador y que son ajenas al presente documento. Es sobre este conjunto, de ahora en adelante LA MASILLA, que se aplica EL CONSUMISMO y por lo tanto se hace merecedor de la categoría de subyugado.
  • Mercado: Se define al mercado, de ahora en adelante EL VERTEDERO, como el entorno en el cual LA MASILLA intercambia bienes con ella misma según las disposiciones o metodologías establecidas por EL ARQUITECTO.

Términos

  1. Contrario a lo dicho por una gama amplia de teóricos, EL VERTEDERO no establece las reglas de juego, sino que este provee los medios para instaurar EL CONSUMISMO (o cualquier otra política que sea pertinente). Es EL ARQUITECTO quien configura estas reglas de juego mientras que EL VERTEDERO es la configuración de las reglas de juego en sí. Es decir, EL ARQUITECTO crea EL VERTEDERO para que en el se mueva LA MASILLA como este primero quiere.
  2. El ARQUITECTO puede modificar EL VERTEDERO cuando lo crea conveniente de forma unilateral sin consultarlo con LA MASILLA.
  3. LA MASILLA debe mantenerse dentro de EL VERTEDERO incondicionalmente. En caso de querer renunciar o revelarse de/contra él, LA MASILLA puede ser oprimida para que se acomode de nuevo en EL VERTEDERO. En caso de no ser exitoso este método LA MASILLA será aislada indefinidamente por EL ARQUITECTO.
  4. El arquitecto por naturaleza no puede ser parte de LA MASILLA u homologarse a tal. Cuando EL ARQUITECTO se vea en problemas (riesgo de volverse parte de LA MASILLA) LA MASILLA está en la obligación de disponer de sus medios de gobierno para salvar a EL ARQUITECTO de la situación que lo pudiera lesionar -económicamente- pues ha sido este quien ha instaurado EL CONSUMISMO en EL VERTEDERO que le permite a LA MASILLA multiplicarse y expandirse, claro está, sólo dentro de EL VERTEDERO de manera que el consumismo se mantenga en el tiempo.
  5. De acuerdo a las formas que tome EL VERTEDERO, LA MASILLA debe cambiar según corresponda para poderse adaptar y evitar obstaculizar otras partes de LA MASILLA so pena de ser oprimido como se define en el tercer término de este documento, así lo definido en EL VERTEDERO no sea culpa de LA MASILLA. Cabe señalar que para mantener entretenido a EL ARQUITECTO este mismo ha dispuesto que EL VERTEDERO cambie constantemente y con ello LA MASILLA tenga que moverse, incluso en direcciones contradictorias. Esta es la naturaleza de EL CONSUMISMO aplicado a EL VERTEDERO.

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Estas condiciones establecidas, es decir, el conjunto conformado por las partes relacionadas según los términos, tiene un efecto colateral que ha sido el elemento motivador de este escrito. A saber, el consumismo y el hecho de cambiar todo continuamente por cosas más modernas que en definitiva son diferentes a las inmediatamente anteriores (nótese la fugacidad de la materia en este sistema y la constancia de la mutación), hace que lo tradicional y consolidado -un ejemplo de ello es el principio ético de la firmeza- pierda fuerza y se vea relevado por la admiración al cambio, a lo nuevo y a la moda.

Esto que es tradicional, lo que se mantiene y repite en el ser y quehacer humano como el eterno retorno de Nietzsche y configurando el peso del ser viéndolo desde M. Kundera, es lo que cristaliza la personalidad del hombre. Sin embargo, por la presencia de las relaciones de mercado establecidas en nuestra economía y cultura, lo tradicional se desvanece, la personalidad nunca nace y el ser de vuelve leve: idolatra las nuevas tendencias sin preguntarse la cantidad de recursos que inútilmente serán depredados para su masificación, se desliga de su ser político y de los problemas tanto coyunturales como estructurales ya que “igual todo cambia”, se despreocupa de la fidelidad y la lealtad ya que “en la variedad (cosas nuevas no probadas) está el placer”, tilda de “mamertos” a quienes llevan una vida tradicional y que los cuestionan por su desmedido e inconsciente modo de vida, mantiene la micro-concentración del capital para poder sostener la mutación constante, impidiendo así la distribución de la riqueza y agudizando la iniquidad.

Aquí hay algo que no he dejado claro: la mutación a la que me refiero es, más estrictamente, una mutación restringida y cíclica. Con esto quiero expresar que aunque nos rendimos a las cosas nuevas, cambiando así la forma de vestir, de comunicarnos, de comer, de desplazarnos. Pero ¡oh, gran falacia!, esto no trasciende al plano del contenido; no somos capaces de cambiar nuestra forma de pensar respecto a las super-estructuras, no cambiamos tampoco los mensajes que comunicamos en medio de esos nuevos y deslumbrantes medios de comunicación. La mutación está limitada a la forma humana y no a su fondo, para que de esta manera el mercado no se vea cuestionado. La mutación es cíclica en cuanto reutiliza lo pasado para presentarlo como nuevo ante las crisis del Capital -que a propósito son también cíclicas.

Es pretencioso querer cambiar esta política de mercado, querer romper el contrato de forma unilateral, sin ningún tipo de organización de quienes se encuentran sometidos a ella, pero es menester mantener la voz de protesta ante esta manipulación elitista, consumir más información que bienes para construir un criterio y una perspectiva sobre el mundo legado que nos ha tocado vivir, buscar convergencias y tomar medidas revolucionarias que cambien este modelo por uno en el que las decisiones sean tomadas en comunidad, es decir, en donde el ejercicio del poder se masifique y la responsabilidad con nuestra historia, nuestro futuro y nuestro entorno actual se incremente en aras de un mundo digno con calidad de vida para cada ciudadano y ciudadana.

Que lo nuevo no nos carcoma los sesos, que no nos bajen del monte con el deslumbrar del espejo.


La ruptura del legado de los ancianos

Por alguna extraña, oscura, siniestra y desconocida razón los jóvenes nos hemos dejado influenciar por un maligno legado de los ancianos: el arte del no hacer nada, de la resignación y el desinterés. Es desalentador cuando nos encontramos con contemporáneos (les recuerdo que soy joven) que reúnen a tomar en una mesa y a hablar de cosas que ya todos saben: la pichera anterior, el estado político del país, lo buena que está la tonta de ingeniería industrial, el capítulo de Los Simpson de don barredora o simplemente, de lo buenos que son los que están sentados en la mesa y de cuanto se aman. Eso es algo clásico en los ancianos, que nada tienen que hacer, que no tienen creatividad y que viven de los recuerdos, pues mirar para delante los asusta; recordarán que allí tienen una cita con La Muerte.

Es desalentador cuando vemos contemporáneos utilizando por tres, cuatro, cinco ¡o más horas al día! redes como Facebook. Pero el problema no es tanto el tiempo que las usan, si no como las usan: para ver fotos sin sentido (ni artístico, ni de fondo), para comunicarse lo que ya todos saben (que Yursleidy, con solo 16 años, ¡ya está embarazada!…..pues obvio, si lo daba por un vaso de agua, eso todos lo sabían), para ver cuales amig@s de mis amig@s están buen@s, etc, etc. Eso es propio de los ancianos, que no tienen nada que hacer más que conversar con otros, para escapar de su soledad; al menos ellos lo hacen personalmente, mis contemporáneos en cambio ponen un mediador (computador) que impida olerle el mal aliento al otro. El poder de estas redes sociales es directamente proporcional al desperdicio al que se ve sometida por la mediocre juventud colombiana.

Podría seguir detallando ejemplos, como el sexo con putas (que es para ancianos que tienen la delicadeza moral de no violar a nadie, es decir, para todo tipo de ancianos con excepción de algunos miembros de la curia), el dormir en las instalaciones de la universidad (solo los ancianos duermen de día en lugares ajenos a su casa), etc. Pero la idea es hacer algo constructivo, un texto en alguna medida crítico, no un texto para emos. Es por eso que los invito a escudriñar en nosotros mismos (jóvenes) y recordar qué carajo somos en realidad, qué nos diferencia, qué nos hace únicos, qué es lo que hace que esta edad luego la recordemos con brutal nostalgia. Yo hice el ejercicio y me encontré con algo que tal vez también encuentren ustedes: el hambre de conocimiento, y por ende, de variedad, y por ende, de revolución. Son estos aspectos los que me (¿nos?) definen como joven; quiero aprender más, pues soy un ignorante y vine aquí no solo para conocer este mundo, sino además para transformarlo; quiero la variedad, no porque en ella esté el placer, sino porque en ella está el conocimiento, que al fin de cuentas es placer; quiero la revolución, porque el conocimiento me permite apreciar lo podrida que está esta sociedad, porque el conocimiento se genera a través del cambio, porque no puedo quedarme quieto.

No contemplo a un anciano queriendo saber más y más, no contemplo un anciano que busque la variedad (eso es muy arriesgado), ni tampoco contemplo un anciano buscando una revolución que extinga su vida. Claro que hay ancianos que si lo hacen, pues aun tienen un espíritu joven. Pero lo que si puedo contemplar es una juventud que en vez de sentarse en una mesa a emborracharse (que no es malo emborracharse, lo malo es como) tome su sixpack y se dirija a conocer la mayor cantidad de bares que pueda en una noche. Contemplo una juventud, que en vez de enviar fotos estúpidas a Facebook, divulgue con sus contactos la compra de votos de los politiqueros que el día de mañana los dejará sin educación, el desalojo injustificado de una familia humilde (si, injustificado, porque por falta de dinero no se puede dejar a una familia sin techo……esta sociedad no puede seguir rigiéndose por la lógica comercial; el centro de esta sociedad debe dejar de ser el papel moneda y pasar a ser el ser humano). Contemplo una juventud que no tenga simple sexo para satisfacer sus necesidades animales, sino que más bien haga el amor para satisfacer sus necesidades humanas, acto que lo diferencie de su instinto (pocas veces útil). Contemplo también una juventud que en vez de dormir en los claustros universitarios, emplee sus esfuerzos en la investigación, en el encare de su universidad con su sociedad.

Debemos romper el legado de los ancianos, pues es solo para ancianos. Debemos escribir nuestro legado, para los jóvenes que nos sucederán, pues los que nos antecedieron nunca claudicaron.