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Rebeldía efímera

Oscuridad total, un aire seco encarcela mi cuerpo, sujeto por frías cadenas y una incertidumbre ramera que gobierna mi destino enmascarando el temor con placer. ¿Estará el hermoso demonio que me oprime aun oculto en esa oscuridad inalcanzable? ¿acaso pretende extirpar de mí la desobediencia? Maldita venda que me convierte en mansa oveja. ¿Qué es lo que me espera?

Un relámpago, vástago del cuero, irrumpe como violando analmente el silencio imperante. Pero su voz mercenaria se mantiene oculta. Sus dedos se abren paso en mi piel, desgarrándola, persiguiendo mi delincuente deseo; la detiene en mi abdomen y continua con una destripadora danza. Entre tanto, su respiración asciende por mi cuello apuñalando mi podrida alma, robándome al voluntad, masturbando mis recuerdos. Se detiene justo en mi oreja, la castiga con su lengua y me recuerda quién es mi ama, con esa voz que tanto temía escuchar. El aire ahora se torna húmedo. Es entonces cuando una profana rebeldía toma posesión de mí; cuando su respiración quiere invadir mi rostro, muerdo sus labios. Orgasmo instantáneo, pues su sangre, que ahora invade y sella mi boca, me hace esclavo de nuevo.

Empieza la dulce agonía de una gota de sangre que tendré que pagar diez veces bajo las putas caricias de su azotaina.


El adaptado desadaptado

“Allá van los desadaptados”, dice aquella compañera del trabajo a la que se saluda mas por cortesía que por deseo. Entonces, salta una chispa que parece encender una caja de dinamita dentro de mí, carga que sin embargo no explota inminentemente, sino que expande su fuego a velocidad de caracol, dando así un tono sereno a las palabras que empiezan a escapar de mi boca mientras, desde la ventana, sigo fijamente con mis ojos la enérgica manifestación.

“Efectivamente; allá van los desadapatados, allá van los que no se callan lo que sienten, allá va el cambio, la esperanza, de muchas generaciones, los que se revelan contra esta sociedad excluyente, hipócrita y asesina, allá va nuestro utópico futuro. Y pensar que ahora protestan, saltan, rien y lloran, pero mañana las horrendas empresas de esta moribunda nación acabarán con sus sueños, pisotearán su dignidad, pondrán un verde sello en sus labios en el que yacerá el inanimado rostro de G Washington, encarcelarán todo espíritu de excelencia integral, los convertirán en máquinas al sevicio del capital borrándoles la memoria de la voluntad propia e imponiéndoles el manto de un falso nuevo contrato social…tendrán que adaptarse.

“Siendo todo esto, y una vez tengan no menos de 30 abriles sobre sus hombros, escucharán que las nuevas voces llaman desde la calle a vivo pulmón, y entonces, ridículamente de pie frente a la ventana, dirán de labios para afuera, como escupiendo repudio y rencor, ‘allá van los desadaptados’, mientras en su interior sus corazones ahogan un grito que susurra ‘que hijueputa vendido soy'”

No queda más que humo de mi contenida explosión interna. Me dirijo a la salida, cierro la puerta tras de mí y me marcho sin despedirme, pues la dinamita acabó con mi cortesía.