Tchékhov: La novia


Hoy, como ayer, las mujeres siguen encontrando obstáculos para alcanzar sus sueños en medio de su independencia y auto-determinación, máxime si estos desbordan las plazas que han sido diseñadas por la cultura machista para que sean ocupadas por ellas: esposas, sirvientas, acompañantes, prostitutas, cuidanderas, madres. Para ellas, hacerse a cualquier lugar fuera de este marco es una odisea: estudiar, gobernar, emprender, rebelarse, todo ello «es de hombres». Tchékhov retrata esta realidad en esta historia, que aunque ahora es menos crítica que en aquel entonces, aun persiste.

Aquí, la novia, es una joven que está próxima a contraer nupcias con un hombre de una familia respetada. Ella, vive con su madre y su abuela paterna, tienen bienes suficientes para su sustento, pero el matrimonio les garantiza su futuro, ya que cada vez los tiempos son más difíciles. Sin embargo, ella tiene una inconformidad en su corazón; siente que no es este el lugar que quiere ocupar, que su destino es otro diferente a ser una esposa y seguir los pasos vacíos de su madre: esposa por siempre con sueños frustrados. Así lo deja entrever cuando su futuro esposo la lleva a conocer los aposentos donde estarán juntos después de su noche de bodas; ella se siente incómoda y abandona el lujoso lugar. No soporta más las noches de visita —todos los días— del novio a su casa, la cena y el licor, las charlas monótonas, la misma música siempre. Su novio le parece una buena persona, pero ya está agotada del designio infortunadamente perenne que se esboza retumbante todos y cada uno de sus días de vida prematrimonial.

Sasha, un querido primo suyo, un hombre con más mundo que cualquiera de los otros miembros de la familia, identifica esta lamentación en Nádia, y llevó hacia la razón esa inconformidad que habitaba su corazón; la motivó a estudiar, insistió en que abandonara todo y se fuera a la ciudad a educarse y conocer todo lo que el mundo tenía para ella. Como bien sabemos, este trabajo de irrupción en la voluntad de una persona no es sencillo, pues es necesario enfrentarse a descomunales fuerzas: la presión social, la tradición, la familia, la resistencia al cambio, el temor, los estereotipos. Por ello se debe persistir, y Sasha, testarudamente, persistió: aprovechando el respeto que Nádia sentía por él, llenó de cucarachas la cabeza de su prima y la convenció de hacerse a su propio destino, la convenció de ser feliz. Nádia dio el paso y no se equivocó. ¿Cómo podría haber sido un paso errado si estaba siguiendo su pasión?

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