Tchékhov: La corista


En un relato cuyo espíritu se asemeja al compartido por Tchékhov en «La tonta» (1883), La corista trae al público lector una historia en la que «el malo» se transforma en «bueno» de una forma estoica y desprevenida para quien se sumerge en su lectura.

La corista, una mujer cantante, es amante del sujeto que la conectaba con la otra protagonista: la esposa del susodicho. Ambas sostienen una intensa conversación en casa de la corista, a al cual llega la esposa legítima, preguntando por su esposo. El diálogo es envolvedor por su algidez; es una discusión en la que primero hay una lucha entre la interpelación y la negación, luego un acuerdo entre la lástima y la aceptación y finalmente una subyugación del menosprecio a la rapacidad. La esposa, quien primero posa de víctima de la corista, quien está descomponiendo su hogar, pasa a ser la victimaria, usurpando todas las pertenencias de valor de la corista a cambio de redención de parte de esta última. El marido, escondido en un cuarto contiguo, reconoce en su mujer —una vez culminada esta escena— a una persona digna, insulta a la cantante y se marcha afanosamente. Mal día para la protagonista.

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