Sobre el ofrecer como un compromiso y el recibir como parásito


Cada uno de los seres senti-pensantes tiene una forma de ver la vida por sí mismo, una manera de afrontarla o de darle sentido, para, por tal camino, poder aferrarse a algo indestructible. Me llama la atención un perspectiva en particular, que les compartiré a continuación. Podría pensar el lector que si me llama la atención dicha forma de plantar pie en la vida es porque la siento así para mi persona misma. Podría no equivocarse, pero mejor piense en usted, no sea criticón.

La vida humana parece dividirse, entre sus muchas otras dicotomías, en dos tipos de actitudes: existen las personas que se concentran en dar y existen aquellas que se concentran en recibir. Esto no quiere decir que una persona sólo da o sólo recibe, simplemente quiero decir que algunas centran sus esfuerzos en dar, pero eventualmente también reciben, y otras los concentran en recibir, pero eventualmente también dan. Es una división entre actor y espectador.

Si bien todo ser societal es actor y espectador a la vez, la balanza de actitudes suele inclinarse hacia alguno de estos dos lados según la personalidad de cada parroquiano. Así, hay quienes dan algo todos los días esperando ansiosamente recibir algo a cambio que luego transformarán en consumo de objetos producidos por otros, es decir, el trabajador que entrega su mano de obra para recibir a cambio una remuneración que empleará en consumo de bienes y servicios. A este tipo de persona no le interesa que aquello que está dando, su trabajo, sea bueno, pues lo importante en su vida es recibir el salario que le permitirá adquirir pendejadas que en realidad no necesita, pero que lo descrestan. Este es un trabajador mediocre, ni siquiera le interesa quién va a usar lo que él está produciendo, ni para qué lo va a utilizar, sólo le interesa su paga a cambio; es, por lo tanto, un ser idiota o “apolítico”, sin duda una persona interesada únicamente por su bien personal, quizá el familiar, el perfecto borrego capitalista.

De otro lado, se puede tipificar a aquellos que dan algo todos los días esperando ansiosamente que quien los recibe obtenga algo más que el objeto o la acción en sí, que reciba además un sentimiento de satisfacción y alegría que motivará a su productor a dar más y a más personas, sin importarle tanto la retribución, generar movimiento en la sociedad que él constituye, movimiento que le permitirá a su vez seguir moviéndose, seguir dando (y, consecuentemente, seguir recibiendo). A esta persona le interesa que aquello que está dando, su trabajo, sea bueno, pues lo importante en su vida es su ser en sí mismo, y como el ser es lo que se hace y no lo que se tiene, la remuneración, en el sentido de objeto facilitador de adquisición de bienes, poco importa. Este es un trabajador notable, al que le interesa quién va a usar lo que él está produciendo, así como el para qué lo va a utilizar; es, por lo tanto, un ser político y decisorio. Sin duda, una persona interesada en el bienestar colectivo, un modelo de Hombre Nuevo.

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