Poe: Los hechos que envolvieron el caso del señor Valdemar


Los hechos que envolvieron el caso del señor Valdemar
© Harry Clarke, 1919

Edgar Allan Poe nos trae aquí un relato fascinante que cuestiona la percepción humana sobre lo vivo y lo muerto o, más específicamente, la percepción de la voluntad de morir.

Metódicamente, como es pertinente para la delicadeza del relato, el relator de la historia -un practicante del mesmerismo de nombre desconocido- detalla los hechos sucedidos durante la ejecución de uno de sus más anhelados casos: la inducción magnética de una persona que transita del estado de agonía al de la muerte (in articulo mortis).

Un conocido suyo, el señor Valdemar, padecía desgraciadamente de una enfermedad pulmonar (tuberculosis) que permitía saber exactamente y de forma previa cual sería el día y la hora de su muerte que era justo lo que se necesitaba para llevar a cabo de forma exitosa el procedimiento.

En un suceso que podría considerarse inesperado, el señor Valdemar acepta ser hipnotizado en su lecho de muerte, tal vez deseando que ella le permitieran vivir más o simplemente buscando convertir su resignación en un último aliento de fascinación.

Llegada la hora, según lo concordado por los dioses del hombre en la Tierra, entiéndase los médicos, el relator es notificado de forma epistolar por el señor Valdemar sobre su pronto deceso (a media noche del día siguiente) y este acude pronto a realizar los preparativos. Se asegura de conseguir los debidos testigos (dos enfermeros, los médicos y un estudiante de medicina conocido por el narrador cuya misión era tomar nota de todo lo que viera).)

Previa autorización del señor Valdemar, quien moribundo apenas le acompañaban fuerzas para pronunciar palabra alguna, el relator inicia su procedimiento.

En cuestión de cuatro horas el señor Valdemar entra en estado de hipnotización, justo a media noche, cuando se esperaba su fallecimiento. Los médicos se tornaron atraídos por lo que contemplaban. Su brazo respondía a la influencia magnética del brazo de su verdugo mental.

El señor Valdemar fue indagado por u hipnotizador en lo que el lector podría sentir prácticamente como una charla con un muerto. El señor Valdemar respondió que se encontraba dormido, que no lo despertara y le dejara morir así.

Tal vez la imaginación se quede corta al lector, pero Allan Poe trata de excitarla profundamente con su detallado relato, el cual no podré transcribir aquí, pero sin embargo no puedo tampoco obviar lo sucedido: los ojos del señor Valdemar se abrieron, permanecían blancos, se pelo adquirió un aspecto cadavérico, los rastros de fiebre desaparecieron súbitamente, el labio superior descubrió los dientes y dejaron abierta la boca en la que se veía la ennegrecida lengua.

Sin embargo, ahora muerto, el señor Valdemar no detenía su actividad: su lengua empezó a vibrar y se produjo desde el interior de su boca una voz indescriptible que confirmaba, por su contenido transmitido, el previo estado de somnolencia y el actual estado de muerte. El horror se apoderó de los presentes.

Ahora, en ausencia de respiración, el único indicio de trance hipnótico en el Señor Valdemar era la vibración de su lengua cuando era objeto de indagatoria alguna.

Tomando el rol de dueños de la vida del señor Valdemar como una especie de dioses, el hipnotizador y los médicos indagan sobre la pertinencia de despertarlo, acordando que no sería conveniente, pues seguramente esto conllevaría a su inmediato fallecimiento.

Todo permaneció igual durante siete meses. No leyó mal. ¡en efecto el señor Valdemar estuvo hipnotizado en estado de muerte durante siete meses!

Transcurrida semejante pena, diría un cristiano, o tan asombroso y prolongado estado, diría un científico, deciden despertar al paciente.

A continuación, el relato de Allan Poe culmina brillantemente. Un detallado despliegue de una sucesión de hechos que mantienen la imaginación del lector en un estado de excitación exquisito, nos muestran como el señor Valdemar recobra paulatinamente sus rasgos de vida a medida que abandona el influenciado trance en que permaneció tanto tiempo. El iris de sus ojos retorna acompañado de una pus amarillenta de fuerte olor. Tras ser indagado sobre sus actuales sentimientos este responde pavorosamente, a modo de súplica, que quiere ser dormido de nuevo y que lo despierten luego, pues se encuentra muerto. Dada la ausencia de voluntad del señor Valdemar, pues no era más que un espectro carnoso entre lo vivos, no fue posible dormirlo nuevamente, así que los esfuerzos se concentraron en despertarlo.

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