Consumiendo se va cediendo


Consumiendo se va cediendo

Cuando amigos y conocidos visitan el lugar donde vivo se sorprenden de que no tenga un televisor dispuesto entre mis bienes materiales y, en cambio, poco dicen sobre la biblioteca que sí tengo. Claro está que algunos sí la notan y me hacen una hiriente pero sincera observación: “Tiene pocos libros”; gota a gota llenamos el vaso. Aguanten.

Este detalle me hace preguntarme sobre las prioridades y costumbres humanas o, más específicamente, de los bogotanos de clase media.

La televisión es el más grande invento de aquellos que pretenden expandir la pasividad humana a lo largo y ancho de las sociedades, después de la radio, el cine y el teatro, aunque eso sí, cabe advertir que estos dos últimos, a diferencia de los otros dos, aun se conservan como arte y su componente de mercadotecnia no es aun totalizante en su misión. El funcionamiento básico de la televisión trata de un grupo de personas que construyen un contenido multimedia cuyo mensaje regularmente es moderado por los propietarios (cristalizado en los políticos) del canal o cadena televisiva en la cual será transmitido el contenido. Esta cadena televisiva se encarga de montar alguna campaña de mercadotecnia que les garantice la comida a los empleados y la asistencia a óperas a los propietarios. Finalmente, millones de pasivos seres observan el resultado a través de lo que otrora fueran cajas mágicas y hoy son enormes tablas de pared o sobremesa.

Así se mantiene la jugada, maestro: unos hacen, otros observan, unos deciden y otros acatan, unos acumulan y otros gastan. Es más, en el ámbito de gobernanza, esto concuerda con el arcaico sistema democrático que nos hemos impuesto: el representativo. A lo mejor ya nos acostumbramos a que todo nos sea dado; esperamos todo de Dios, del Estado burgués, de nuestros padres, de nuestros patronos, de nuestro televisor y así en general con cada dimensión de nuestra, hoy, ajena vida.

A fuerza de costumbre, el consumo de contenidos se nos ha convertido en una prioridad.

Contrario a este panorama, más me llama la atención todas aquellas creaciones participativas, en las que no sólo se consume, sino que se produce, o mejor dicho, se consume lo que se produce, una idea cercana a la autogestión y, con ello, a la autodeterminación. Así, ya no somos la decisión de otros, dejamos de estar definidos por contenidos ajenos que moldean nuestra personalidad y reproducen el aparato de dominación clasista, sino que empezamos a ser quienes nosotros mismos nos hemos forjado. Es allí donde radica la prevalecencia de ser un hacedor antes que un espectador. Digamos, en un sentido más claro y práctico, que es un llamado a establecer nuestras prioridades acorde a nuestras convicciones y no a nuestras costumbres. Ahora, por favor, no vaya a tirar el televisor por la ventana, pues de todas formas ese aparato es el trabajo de alguien más, seguramente explotado, eso sí. Más bien elija sus contenidos y trate que sean participativos. Las cadenas de televisión comunitarias son una buena opción.

No se quede sentado en un sillón todas las noches o fines de semana mientras los demás modelan y construyen la sociedad que a usted le va a tocar vivir soportar. !Viva¡

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3 responses to “Consumiendo se va cediendo

  • Paulo

    Sugiero cambiar la frase: “de los bogotanos de clase media” por “de los latinoamericanos de clase media”

    • kaleemsagard

      Pues no quería ser tan osado ya que sólo conozco de cerca Bogotá, pero si por esas latitudes pasa lo mismo (que la verdad lo veo altísimamente probable) entonces podemos dejarlo en “de los latinoamericanos de clase media”

  • Marco Paredes Rojas

    Muy de acuerdo con el camarada Ortega, es necesario producir y consumir contenidos propios y más locales, dejar de lado los contenidos del Valle de San Fernado cerca de Los Ángeles (no me refiero a Fernando Henao que no es santo pero si conoce del tema) y mirar producciones hechas en Girardot y lugares de la costa Atlántica (leer estación de Bomberos de Puerto Colombia). Los (aunque solo me preocupan las) participantes de los últimos son más naturales, autóctonos y criollos que los participantes de las producciones de la gran industria.

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