De mamertos y (r)evoluciones necesarias


No es difícil encontrarse por ahí con aquella persona que en el mundo de la cotidianidad se le conoce como “mamerto”. Fácilmente identificable por su discurso, rebosante de ideales progresistas anti-capitalistas, apoyado por frases de odio contra su contendiente social: el burgués, amparado en la teoría marxista y, si se cuenta con suerte, en algunas citas a autores importantes del orbe filosófico y crítico mundial e histórico, quizá Althusser, Habermas, Nietszche, Martí, Mariátegui, Marcuse, Fals Borda, Hegel, Galeano, Kant, Zuleta…quizá. Pero lo cierto es que el mamerto es identificable única y exclusivamente por esto: su discurso. Y es preocupante. Si bien el primer paso para cambiar el mundo es entenderlo, conocerlo y reconocerlo, ese no es el último. A esto le sigue la acción, es decir, la transformación en sí de la realidad a la que se pertenece, de la realidad a la que se critica.

La marcha, un arma de doble filo, dependiendo de la organización real de sus ejecutantes

Es en este sentido que se puede decir que el mamerto ha hecho de la izquierda algo fastidioso, pues habla, habla, y hablablablabla de la revolución, de las garantías a los derechos de los trabajadores, del imperialismo, de la represión del Estado…pero no más, no toma acciones estratégicas y contundentes contra tal Estado, contra tal Imperio, o peor, la acción que toma es de carácter efervescente, temporal y superflua: la marcha. Claro está, el problema no es la marcha (la cual puede ser un mecanismo de acción muy poderoso), el problema es la recurrencia de la misma, ¡¡sin que se logre nada!! Así, la lectura que hacen los que aun no son de izquierda se traduce en un desgano y desconfianza hacia aquellos que parecieran tener razón, pero que pragmáticamente no tienen efecto alguno y, como tal, son inútiles; fastidian hablando siempre de lo mismo, de cómo cambiar el mundo, pero no son capaces de hacer nada por tal cambio….¡¡Queremos acción, carajo!!

Si Queremos cambios, hay que actur sobre la realidad. Eso el Che lo tenía claro, por ello murió.

El nuevo revolucionario no puede caer en la mamertería. El nuevo revolucionario (Guevarista auténtico, si se nos da la gana) debe trascender el rol de pensador, convirtiéndose en un actor social, coherente, ejemplar, que tiene un discurso claro sobre su realidad, pero que también le mete mano a esa realidad, se involucra en su transformación, se compromete con el cambio…de lo contrario será consumido por la burocracia pseudosindical o de cualquier otro tipo. Una joyita aquí: el discurso debe ser moderno; no se puede esperar que el indiferente se una a la causa (o siquiera la comprenda) si se le habla en débiles términos de dinosaurios que recalcan siempre lo mismo pero que no proponen nada de nada. Ejemplo de ello es “el capitalismo debe morir” o “a las calles a tumbar al gobierno” (gobierno que ya está en línea) o “nuestros derechos están siendo pisoteados”…todo eso ya lo sabemos maestro, lo que queremos son hechos, no parafernalia verborreica. Por eso, debemos empezar a hablar de hacktivismo, de relaciones de poder en la red mundial, de apropiación tecnológica (es decir, de los medios de producción de la actualidad), de alternativas de desarrollo glocal, de agro-producción tecnificada…hermano, hay que meterle la academia, la universidad y la investigación a esta joda, no sólo la crítica. Pero ojo, sin crítica no se le puede meter lo otro, sino nos vamos de culo. En conclusión, la izquierda no sólo necesita escritores, sino que además necesita pedagogos, ingenieros, técnicos….y cerveza, porque el camino es largo.

PD: Mensajito para los partidos políticos de izquierda: No pretendan atribuirse la vocería del pueblo, pueblo al que ustedes no representan (pues ustedes ni son pobres, ni viven en Candelaria La Nueva…a lo más son reprimidos) y ni siquiera conocen; el pueblo, ahora comunidad global, de manifiesta socialmente a través de los movimientos sociales, únicos elementos organizativos sociales claros de anti-burocracia, pro-democracia participativa y elementos propositivos (y ejecutores) de caminos hacia el socialismo. Los partidos políticos están sólo para representar una vía de participación formal en el Estado por parte de tales movimientos, Estado que a propósito es más burgués de la revolución francesa y que parece estar influenciando en ese sentido a los partidos dizque izquierdistas.

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