No correspondido


Duele tener un destino para tus palabras
y que este destino no te abra las puertas.

Duele llamar a ella
y que del otro lado no te respondan.

Duele no encontrar oídos que acojan tu voz,
aun sabiendo en quien se posan, donde habitan.

Y si esta parsimonia de letras sale de tu corazón,
sientes que ellas irrumpen desde allí hasta tus dedos,
al punto que podrías abandonar el mundo por un fallo coronario
y nadie escucharía el eco de tus palabras,
nadie vería tus lágrimas mientras caes.

No queda más que acariciar la pluma y el papel,
para que tus prisioneros pensamientos no te asesinen
en una inconmesurable rebelión interior,
o para que al menos tu libreta te escuche antes de morir…

Tal vez, algún día, tu destino te preste atención.
Tal vez, póstumamente, éste lea tus palabras, llegue tu mensaje.

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