Hernàndez: Software Libre: técnicamente viable, económicamente sostenible y socialmente justo

Software libre: técnicamente viable, económicamente sostenible y socialmente justo
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Aun en el 2014 existe mucha especulación sobre el Software Libre en general, regularmente por desconocimiento de los ciudadanos sobre él, desconocimiento que bien puede deberse al desinterés en temás tecnológicos por parte de ciudadanos idiotamente cómodos o de aquellos abarrotados por la enajenante explotación productiva, a la existencia de intrincados sistemas de difamación sobre él por ser un modelo alternativo a modelos poderosos y tradicionales o bien por la complejidad tecnológica de su nacimiento. Esta situación llevó a Jordi Mas I Hernàndez, entre seguramente muchos otros casos, a escribir un libro sobre el tema para limpiar de polvo el ambiente.

El libro de Hernàndez recoge varias aristas del Software Libre, desde su historia, pasando por sus creaciones más memorables, sus mitos, su jurisprudencia, sus modelos de negocio, hasta su aplicación en los sistemas públicos de diferentes regiones mundiales. Esto lo hace interesante, puesto que aunque es un libro escrito por un programador, esto no hace que el libro se limite a explicaciones técnicas, sino que desborda esto y avanza hacia una visión integral del Software Libre que envuelve al lector y da solución a un buen número de sus dudas a través de la exposición de conceptos y una amplia casuística.

Como valor agregado al desarrollo de este contenido, el hecho de que el libro haya sido publicado bajo una licencia copyleft, más específicamente una Creative Commons BY-NC 2.0, es una intención que se sube al barco de la distribución del conocimiento para generación de conocimiento. Esto es naturalmente coherente con el contenido del libro y empuja hacia lo que debe ser natural en el conocimiento humano; su dispersión entre y hacia la mayor cantidad de, sino todas, las mentes senti-pensantes. En últimas ¿qué sería del conocimiento si perece en la mente de un egoísta? Nada más que oportunidades invisibles.

Ahora bien, aunque el libro se lleva un buen concepto en tanto erradicador de cortinas de humo en torno al Software Libre, el autor nos queda debiendo un tratamiento más amplio de la dimensión social, aquella misma que puede ser abordada por el Software Libre en aras de la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos a través de su empoderamiento sobre la tecnología y de su apertura hacia la mentalidad hacker, llevada a todos los aspectos de su vida de forma que la creatividad horade los sistemas constituidos y anacrónicos que imperan en la cultura y educación modernas.

Este ejemplar hace parte de un buen número de literatura que comprende el amplio universo de la Cultura y el Software Libre, situación que debe ser reforzada con el debate de tal literatura y con la producción de nuevas publicaciones del mismo talante que vayan poniendo al día el conocimiento que se ha construído colectivamente.


Latas de sardinas articuladas y a 80 km/h

En el problema de hacinamiento del transporte masivo en Bogotá, tanto administradores como usuarios tienen que ver con su aparente perenidad: los primeros por no tener la capacidad de encontrar e implementar soluciones a la problemática de la movilidad en la ciudad y en particular a la de un transporte público digno, mientras que los segundos por no exigir un sistema de transporte decente y en cambio sí utilizando el que deplorablemente se le ofrece en la actualidad.

Partamos del hecho de que Transmilenio es una construcción capitalista de un sistema de transporte. Mientras sus propietarios sigan obteniendo ganancias, poco o nada prestarán atención a las demandas de sus usuarios; su gallina de los huevos de oro se mantiene productiva con una alta eficiencia, aunque la equidad se pierda en el camino. Pasando al otro lado, el que queda más abajo, es este el único sistema de transporte de “alta” velocidad con el que cuentan los bogotanos. Esto propicia el uso definitivamente masivo de esta infraestructura, al punto que desborda su capacidad de pasajeros, al menos en condiciones cómodas de viaje; la intimidad es tal dentro de los buses que en medio del calor se pierden los celulares, los densos olores se confunden y algunos enfermos mentales creen que están viajando con sus muñecas inflables personales y no escatiman en su horrendo despliegue libidinal.

CC Pedro Felipe

Pareciera que el sistema ha alcanzado un estado de equilibrio del cual no se va a mover: los usuarios quieren mejores condiciones para transportarse, pero ante sus obligaciones diarias tienen que seguir enlatados dentro de los buses actuales. Entre tanto, Transmilenio debe ofrecer un mejor servicio, pero sus altos rendimientos no lo motivan (y menos lo hacían durante las administraciones de izquierda de la ciudad, tan contrarias a sus deseos de acumulación). ¿Qué hacer entonces?

La respuesta no la tengo yo, ni la tenía el pedante exalcalde de la ciudad, ni el hoy impostor que ocupa Liévano y mucho menos la tienen los avarientos empresarios del transporte. Pero lo que sí sabemos es que la respuesta puede encontrarse tras una deliberación pública en torno a éste, que es un medio público. Suena obvio, pero hoy en día no se acostumbra a pensar con el sentido común, sino con el sentido privado (de algunos cuantos “arizmendis”). Esta deliberación pública tiene como actores a las pobres sardinas de las sardineras, a los que despachan las sardineras y a los que ponen recursos públicos para que los dueños de las sardineras puedan comprar latas de atún en mercados internacionales, entre otras cosas. Por supuesto, entre estos actores el protagonista es la población usuaria del sistema, el mediador es el gobierno y los extras (prescindibles) son los operadores públicos de transporte.

El sentido común nos indica que el camino a seguir es quitarle la operación de los buses a los operadores privados, pues el transporte en la ciudad es para movilizar a todos y cada uno de sus habitantes, por lo tanto es este un asunto público y como tal debería ser atendido con recursos y gestión públicos. Pero bueno, desde que se impuso la moda del neoliberalismo, el sentido común no es santo de la devoción de estas sociedades bananeras, así que el solo hecho de entablar un debate abierto entre los actores sociales ya nombrados será un gran y primer logro en el camino a la solución de este problema capitalino. Gustavo Petro lo intentó (desde la existencia de los buses rojos ha sido el primer y único alcalde en promover el diálogo entre todos los implicados), pero el sector privado decidió por decreto que el alcalde no tenía razón, que es algo así como decir que la democracia no tiene cabida en el Estado. Ahora queda en manos del protagonista decidir el curso de la historia.


Sobre el ofrecer como un compromiso y el recibir como parásito

Cada uno de los seres senti-pensantes tiene una forma de ver la vida por sí mismo, una manera de afrontarla o de darle sentido, para, por tal camino, poder aferrarse a algo indestructible. Me llama la atención un perspectiva en particular, que les compartiré a continuación. Podría pensar el lector que si me llama la atención dicha forma de plantar pie en la vida es porque la siento así para mi persona misma. Podría no equivocarse, pero mejor piense en usted, no sea criticón.

La vida humana parece dividirse, entre sus muchas otras dicotomías, en dos tipos de actitudes: existen las personas que se concentran en dar y existen aquellas que se concentran en recibir. Esto no quiere decir que una persona sólo da o sólo recibe, simplemente quiero decir que algunas centran sus esfuerzos en dar, pero eventualmente también reciben, y otras los concentran en recibir, pero eventualmente también dan. Es una división entre actor y espectador.

Si bien todo ser societal es actor y espectador a la vez, la balanza de actitudes suele inclinarse hacia alguno de estos dos lados según la personalidad de cada parroquiano. Así, hay quienes dan algo todos los días esperando ansiosamente recibir algo a cambio que luego transformarán en consumo de objetos producidos por otros, es decir, el trabajador que entrega su mano de obra para recibir a cambio una remuneración que empleará en consumo de bienes y servicios. A este tipo de persona no le interesa que aquello que está dando, su trabajo, sea bueno, pues lo importante en su vida es recibir el salario que le permitirá adquirir pendejadas que en realidad no necesita, pero que lo descrestan. Este es un trabajador mediocre, ni siquiera le interesa quién va a usar lo que él está produciendo, ni para qué lo va a utilizar, sólo le interesa su paga a cambio; es, por lo tanto, un ser idiota o “apolítico”, sin duda una persona interesada únicamente por su bien personal, quizá el familiar, el perfecto borrego capitalista.

De otro lado, se puede tipificar a aquellos que dan algo todos los días esperando ansiosamente que quien los recibe obtenga algo más que el objeto o la acción en sí, que reciba además un sentimiento de satisfacción y alegría que motivará a su productor a dar más y a más personas, sin importarle tanto la retribución, generar movimiento en la sociedad que él constituye, movimiento que le permitirá a su vez seguir moviéndose, seguir dando (y, consecuentemente, seguir recibiendo). A esta persona le interesa que aquello que está dando, su trabajo, sea bueno, pues lo importante en su vida es su ser en sí mismo, y como el ser es lo que se hace y no lo que se tiene, la remuneración, en el sentido de objeto facilitador de adquisición de bienes, poco importa. Este es un trabajador notable, al que le interesa quién va a usar lo que él está produciendo, así como el para qué lo va a utilizar; es, por lo tanto, un ser político y decisorio. Sin duda, una persona interesada en el bienestar colectivo, un modelo de Hombre Nuevo.


Post técnico #6: Una intercepción por clase; el Same interception type cannot be specified twice on the same class

A veces por no leer la documentación de las API surgen errores que nos hacen perder el pelo. Para la muestra un botón: después de llevar un buen rato de desarrollo haciendo un interceptor de EJBs, intenté subir la aplicación y el resultado fue el siguiente:

Grave: Exception while loading the app : Same interception type cannot be specified twice on the same class org.jboss.weld.interceptor.util.InterceptorMetadataException: Same interception type cannot be specified twice on the same class at org.jboss.weld.interceptor.reader.InterceptorMetadataUtils.
buildMethodMap(InterceptorMetadataUtils.java:136) at org.jboss.weld.interceptor.reader.InterceptorMetadataUtils.
readMetadataForTargetClass(InterceptorMetadataUtils.java:43) at org.jboss.weld.interceptor.reader.cache.DefaultMetadataCachingReader$2.
apply(DefaultMetadataCachingReader.java:36) at org.jboss.weld.interceptor.reader.cache.DefaultMetadataCachingReader$2.
apply(DefaultMetadataCachingReader.java:34) at com.google.common.collect.ComputingConcurrentHashMap$
ComputingValueReference.compute(ComputingConcurrentHashMap.java:355)…

Después de indagar en la web y encontrar soluciones como por ejemplo que las anotaciones @PostConstruct o @PreDestroy estaban repetidas en alguno de los beans manejados por el contenedor, sospeché sobre la anotación @AroundInvoke (que en últimas era la única herramienta nueva había sido incluida en el último desarrollo) y revisé su documentación, en donde encontré la respuesta:

A class must not declare more than one AroundInvoke method

El caso era que en el código había una sola clase con cuatro métodos empleando la anotación @AroundInvoke. Grave error. Separándolos en cuatro clases diferentes el problema se solucionó (si alguien conoce una mejor forma de solucionarlo, por favor no deje de comunicarnoslo).


Saramago: El evangelio según Jesucristo

Una de las historias que siempre sentí que se me adeudó, desde que leí los evangelios bíblicos, fue la de un Jesús verdaderamente humano. En estos textos se mostraba siempre un mesías distante, alejado de la humanidad a pesar de ser carne, de ser el hijo de Dios hecho hombre. La jerarquía católica ha defendido siempre la idea de que Dios entregó a su hijo al mundo para que padeciera todos sus sufrimientos, alegrías y necesidades. Sin embargo, sus escrituras, impartidas día a día en sus templos, rezan otros haberes: un Jesús que nunca sonríe, que no conoció placer en el cuerpo de una mujer, que nunca tuvo un denario encima, que no presentó mayores sentimientos hacia su familia…un Jesús inexpresivo, un dios rebajado, humillado, condenado y amargado. Hasta que llegó José Saramago y nos compartió “El evangelio según Jesucristo”.

Grabado de El evangelio según Jesucristo

La astucia de Saramago radica en mostrar un Jesús mundano, pero sin quitar la divinidad a la historia; lo metafísico no es removido por lo humano, se revuelven y se complementan. La humanización del asunto empieza a verse muy temprano, desde la concepción del primogénito de José; un placentero y naturalmente obligado acto sexual entre una pareja de jóvenes esposos bajo una estrellada noche. La humildad de su nacimiento, en medio de una cueva de las muchas de Belén, sin más compañía que un burro, una partera y un pastor, siendo este último genio y figura presente durante toda la vida de Jesús, desde su concepción hasta la firma de su sentencia de muerte- que más tarde en la historia es desenmascarado como Satanás.

El llamado a la acción social merece la atención de Saramago en el karma divino impuesto a José al no haber evitado la masacre de los primogénitos de Belén, a pesar de saber lo que ocurriría; saber y callar, esto es privatizar el conocimiento que puede ser beneficioso para los demás, beneficio que nunca disfrutarán ni exigirán por cuenta de su ignorancia infundada -a propósito, patrón de comportamiento de la industria capitalista. Tal culpa lo perseguirá en pesadillas todas y cada una de sus noches y alcanzará su éxtasis en el mismo momento de su liberación y lo llevará a la crucifixión, teniendo treinta y tres años y siendo padre de siete hijos, fielmente todos con María.

En los evangelios del Nuevo Testamento nunca se aclara qué carajos hizo Jesús en su adolescencia, aun más, nunca se explicó porque salió de su casa a los treinta años, en una época en la que a los veinte ya se acostumbraba tener una familia. Saramago no deja pasar esta oportunidad para escribir a su antojo -¿quién lo va a contradecir? ¿con qué pruebas?- sobre la vida del muchacho durante este tiempo; inicia con la salida de su casa, abandonando a su familia y dejando a cargo a Tiago, el hermano que le seguía en edad y va en búsqueda de respuestas. Nace entonces el Jesús rebelde que todos conocemos -pues no se puede cambiar el orden establecido, como es la intención de Dios con su hijo, siguiendo las leyes y comportamientos establecidos, en este caso en particular, hacerse cargo de la familia como primogénito que es a pesar de no saber si tal es el futuro que quiere. En Jerusalén, Jesús discute con el escriba de turno sobre la cuestión de la culpa, para entender eso de que los hijos somos culpables por lo que nuestros padres han hecho; la ley se queda sin mayores argumentos, Jesús la desnuda. Después de estar en el lugar que nació, Belén, le corresponde el tiempo de pasar una temporada con un pastor -ya sabemos quien; aquel con quien todos estamos durante toda la vida, sólo que no tenemos la fortuna de verlo en carne y hueso, como sí lo hizo este Jesús, sin saberlo en su momento- teniendo a su cargo el mayor rebaño jamás visto -tal vez, y a modo de predestinación, una perfecta analogía con la humanidad misma- y aprendiendo a defender sus argumentos atragantándose su llanto, pues hablar de Dios con el Diablo es cuestión de firmeza conceptual, no de fe. En esto se la pasó el joven protagonista de la historia durante su periodo de maduración: aprendiendo a ser hombre dándole la cara al mal mismo.

Un segundo momento de rebelión, esta vez más pretenciosa y por ello más humana, es el salvamento del cordero, por parte de Jesús, de ser víctima del sacrificio al Altísimo. Más tarde, al presentársele Dios y obligarlo a entregarle por la sangre al cordero, Jesús apreciará la primer muestra de que su destino está trazado, algo que no entenderá sino hasta la última línea del relato, hasta el último suspiro de su vida.

Ya siendo Jesús adulto -ya casi un hombre de dieciocho años- Saramago lo pone en otras obligaciones más propias de su edad: primero que nada debe toparse con su familia y retomar las riendas del hogar abandonado. Pero antes el autor propicia un encuentro con la persona que será, durante el resto de la vida de este desgraciado mártir, su mano derecha, en lo que puede interpretarse como una tercera rebelión: el establecimiento de la figura de la mujer en un podio de importancia histórica por cuenta de la igualdad de género. Esta mujer es María de Magdala. Sería este un encuentro puro, como lo es el amor verdadero y apasionado, como debe expresarse ese amor verdadero. Pasado este momento de gloria sentimental para Jesús, volverá a los brazos de su amada más pronto de lo esperado, pues familia que no cree en uno no es su familia, tal como aconteció cuando este nazareno llega a su tierra, cuenta a su familia sobre su encuentro con Dios y estos lo escupen con la saliva de la costumbre y la ley: ¿cómo va a venir un insignificante muchacho a verse frente a frente con Dios? Una vez más, esta vez acompañado de María de Magdala, Jesús está andando sus pasos, a la deriva y a la espera del destino prometido, pero que aun le es desconocido, por Dios. Esto no asombra, suele ser esta misma la cotidianidad de los mendigos que pueblan nuestras civilizadas calles.

Ahora bien, la vida no sólo es caminar bajo el sol, hacer el amor y esperar el destino. Jesús tenía que trabajar y empezó a hacerlo al darse cuenta de que llenaba las redes de los pescadores indicándoles dónde arrojarlas, se convirtió en algo así como un gerente; empezó a ganarse la vida haciendo milagros, particularmente el de atiborrar barcas con los escamados submarinos. De allí obtuvo para sí pan y techo, pues los beneficiados no iban a dejar que su gallina de los huevos de oro tuviera padecimientos. Este modus operandi es utilizado ampliamente por sectas religiosas modernas, que predicando milagros se hacen a su diario…y mucho más. Claro está que esta no era la intención de Jesús, él no pretendía riqueza alguna, sólo quería saber cuál sería la gloria que le prometió su padre celestial.

A lo largo del libro se puede notar un lenguaje un poco forzado en aquellas escenas en las que hace presencia Dios, en un intento de Saramago por humanizar lo divino, por soscavarlo de su pulcritud. Tal es el caso de la reunión entre hijo, padre y padrino, es decir, Jesús, Dios y Lucifer. La ambientación de la escena es sencilla, pero apropiada. De reluciente creatividad es el arribo de Lucifer al punto de encuentro: nadando, jadeante como un cerdo, a través del mar, como cualquiera que no tuviera una barca; es de la última forma que se esperaría que hiciera acto de presencia el señor de las tinieblas. Sostienen una charla insignificante; sólo hablan del destino de la humanidad y de la repartición de poderes entre los tres interesados. Me atrae que el autor ensalza durante todo el texto el humanismo y rebeldía (perdóneme el lector tal redundancia) de Jesús, el cual no se ausenta en esta ocasión: indaga a Dios sobre todos aquellos que morirán por su causa, pide el debido censo de los asesinados, mutilados, decapitados, empalados, lapidados, crucificados, guillotinados, quemados, ahogados, cortados, desangrados, destripados, ahorcados, apaleados, degollados, martillados, desmembrados, estrangulados, corneados, enterrados, golpeados, descoyuntados, clavados, arrastrados, despeñados, amputados, lanceados, flechados, descuartizados, acuchillados… que están por venir, junto con el cristianismo y con el poder casi definitivo de Dios sobre todos los pueblos de la Tierra, poder que hasta ahora se había ejercido únicamente sobre el pueblo de Israel. Esta larga lista tomó cuarenta días, en los que finalmente se acordó que el Diablo debía seguir siendo diablo para gloria de Dios y que Jesús debía morir para dar el poder a Dios y para ganarse su gloria propia, hecho que no le gustó mucho, pero que tuvo que aceptar.

Saramago, después de narrado este mes y diez días, hace el debido despliegue de milagros logrados por Jesús y ya conocidos por todos: la sanación de los enfermos, la expulsión de los demonios, la multiplicación del pan y el pescado, entre otros populares. Todo esto ejecutando su papel de predicador del arrepentimiento y la completitud del tiempo. Jesús procura seguir su demarcado camino, ¿qué más podía hacer? Fue eso lo que se le ordenó y quien lo hizo tenía todos los caminos en su mano, así como el poder de borrarlos y recrearlos. Es recorriendo este camino ajeno y con el fin de dar rápido paso al trago amargo, que decide ir a Jerusalén y atacar a puño limpio a los mercaderes del templo. Este episodio es popularmente conocido por haber sido el pasaje más violento en la empresa de Jesús (haciendo a un lado el vía crucis de su muerte, que en él la única participación que tuvo fue la de borrego) pero es en la tinta de Saramago que se torna aun más violento, pues a la zinguizarra se le unieron sus seguidores, que se fueron a los golpes con los mercaderes que veían como sus finanzas del día se iban al suelo. En esta ocasión, su vida no sufre más peligro que el de la dignidad vilipendiada tras las rotas y sucias ropas. De regreso a la aldea donde se hospedaba lo reciben con la noticia de que su amigo Lázaro había muerto. Contrario a lo ya sabido, Jesús no lo trae de vuelta a la vida, por intersección de María, que con esta pincelada, susurrada quizá al oído, lo impide: “Nadie en la vida tuvo tantos pecados que merezca morir dos veces”.

La rebeldía del humanizado hijo de Dios no se hace esperar y nuevamente, y como acto que consumiría su vida, decide evitar las futuras muertes de otros desconocidos que Dios le citó en el encuentro que mantuvieron antes, decide oponerse a la voluntad de su padre en las alturas; para ello conspira con sus seguidores: resulta muy ávido pensar en morir como Rey de los judíos y no como el hijo de Dios, para con ello arrebatarle el poder a Yavhé sin que siquiera hubiera podido tocarlo, y por ahí derecho sepultar la gloria que le había sido prometida; una verdadera actitud de mártir: renunciar a la gloria personal con el único fin de obtener el beneficio general y futuro. Pero enfrentarse a Dios requiere algo más que ser ávido, requiere ser quien escribe la historia…ese no era Jesús, era éste sólo el ignorante cordero que es llevado al inevitable y predestinado sacrificio.


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